Si todos los caminos llegan a Roma, ¿cómo se sale de Roma?

A veces, pensamos demasiado y sentimos muy poco.

Mi abuelo siempre decía que si alguien quiere seriamente formar parte de tu vida, hará lo imposible por estar en ella, aunque, en cierto modo, perdamos entre pantallas el valor de las miradas, olvidando que cuando alguien nos dedica su tiempo, nos está regalando lo único que no recuperará jamás.

Y es que la vida son momentos, ¿sabes? Que ahora estoy aquí y mañana no lo sé. Y que quería decirte, que si alguna vez quieres algo, quieres algo de verdad, ve por ello y nada más, mirando el miedo de frente y a los ojos, entregándolo todo y dando el alma, sacando al niño que llevas dentro, ese que cree en los imposibles y que daría la luna por tocar una estrella...

Así que no sé qué será de mí mañana, pero este sol siempre va a ser el mismo que el tuyo, que los amigos son la familia que elegimos y que yo te elijo a ti, te elijo a ti por ser dueño de las arrugas que tendré en los labios de vieja, que apuesto fuerte por estos años a tu lado, por las noches en vela, las fiestas, las risas, los secretos y los amores del pasado. Tus abrazos, así por que sí, sin venir a cuento, ni tener que celebrar algo.

Y es que en este tiempo me he dado cuenta que los pequeños detalles son los que hacen las grandes cosas. Y que tú has hecho infinito mi límite, y así te doy las gracias por ser la única persona capaz de hacerme llorar riendo, por aparecer en mi vida con esa sonrisa loca, con ese brillo en los ojos capaz de pelearse contra un millón de tsunamis...

Así que no... no sé dónde estaremos mañana, no sé dónde estaremos dentro de diez años, ni cómo se sale de Roma, no te puedo asegurar nada. Pero te prometo, que pase lo que pase, estés donde estés, voy a acordarme de ti toda la vida, por eso, mi luna va a estar siempre contigo, porque tú me enseñaste a vivir cada día como el primer día del resto de mi vida y eso, eso no lo voy a olvidar nunca.

lunes, 24 de marzo de 2014

Sin embargo, me encanta ir por mi casa en tirantes.


No me gusta cuando tengo las manos llenas de pegamento y se me pega el algodón, ni cuando me pongo un zapato y se me va comiendo el calcetín. No puedo con los cuellos altos, y odio el  sabor del bitter kas. Odio cuando al cambiar de cadena la tele tarda mucho rato y odio que se me claven las etiquetas de la ropa por todas partes. No me gusta que la gente se pare en mitad de una frase para meterse algo en la boca, y cuando llevo faldas, odio que se me vayan bajando las medias. No soporto que cuando se me rompe una uña esta se vaya enganchando por todos lados y por encima de todo odio las bailarinas con calcetines.

Sin embargo, me encanta ir por mi casa en tirantes y envuelta en una manta, pasarme el peine y no encontrarme ni un nudo. Ir a tomar algo y que me pongan cacahuetes, aunque luego no me los coma. Adoro las copas de coctel, aunque sea para beber agua, y despertarme y ver que me queda una hora de sueño. Me gusta beberme la coca cola en lata y chupar cubitos y el champán. Ver en tuenti que tengo un comentario y aunque no lo parezca y sea raro, me encanta levantarme por la mañana temprano, asomarme a la ventana y ver que estás ahí, cansado de estar esperandome mojado.
Yo soy lo que me gusta y lo que no, lo que amo y lo que odio, lo que quiero y lo que aborrezco... Yo soy yo.

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