No te aferres a alguien como si fuese tu último aliento de vida, la última botella de agua del desierto, la última cerilla de la selva. Simplemente debes seguir el transcurso de la vida, si se antepone en tu camino para estorbar, esquivado. Pero si en vez de incordiar te acompaña durante el viaje, retiro todo lo dicho anteriormente y agárrate a él como si fuese lo último que hagas.
Si todos los caminos llegan a Roma, ¿cómo se sale de Roma?
A veces, pensamos demasiado y sentimos muy poco.
Mi abuelo siempre decía que si alguien quiere seriamente formar parte de tu vida, hará lo imposible por estar en ella, aunque, en cierto modo, perdamos entre pantallas el valor de las miradas, olvidando que cuando alguien nos dedica su tiempo, nos está regalando lo único que no recuperará jamás.
Y es que la vida son momentos, ¿sabes? Que ahora estoy aquí y mañana no lo sé. Y que quería decirte, que si alguna vez quieres algo, quieres algo de verdad, ve por ello y nada más, mirando el miedo de frente y a los ojos, entregándolo todo y dando el alma, sacando al niño que llevas dentro, ese que cree en los imposibles y que daría la luna por tocar una estrella...
Así que no sé qué será de mí mañana, pero este sol siempre va a ser el mismo que el tuyo, que los amigos son la familia que elegimos y que yo te elijo a ti, te elijo a ti por ser dueño de las arrugas que tendré en los labios de vieja, que apuesto fuerte por estos años a tu lado, por las noches en vela, las fiestas, las risas, los secretos y los amores del pasado. Tus abrazos, así por que sí, sin venir a cuento, ni tener que celebrar algo.
Y es que en este tiempo me he dado cuenta que los pequeños detalles son los que hacen las grandes cosas. Y que tú has hecho infinito mi límite, y así te doy las gracias por ser la única persona capaz de hacerme llorar riendo, por aparecer en mi vida con esa sonrisa loca, con ese brillo en los ojos capaz de pelearse contra un millón de tsunamis...
Así que no... no sé dónde estaremos mañana, no sé dónde estaremos dentro de diez años, ni cómo se sale de Roma, no te puedo asegurar nada. Pero te prometo, que pase lo que pase, estés donde estés, voy a acordarme de ti toda la vida, por eso, mi luna va a estar siempre contigo, porque tú me enseñaste a vivir cada día como el primer día del resto de mi vida y eso, eso no lo voy a olvidar nunca.
jueves, 27 de agosto de 2015
Benditas las canciones que nos acercan a quien echamos de menos.
Hay recuerdos que te sonríen muy fuerte por las noches y te invitan a una última copa, a un último baile, que resulta ser el más triste de todos.
Adivina quien se ha roto esta noche, bueno, ya no es necesario adivinar, si cuando me levanto de la cama se mueven todos los cristales que me han hecho grietas en mi cuerpo, me han atravesado los ojos y mi mente está rota.
Soy el chico de las esperanzas en el suelo, el de las mariposas muertas, el que se clava varios clavos cuando escribe, el que baila sobre el suelo de piedras, el que se lanza desde la montaña más alta para demostrarse a sí mismo que las mejores cosas de la vida son las que te matan, o te terminan haciendo mucho daño. Porque eso es mejor que nada. Que las mejores y más divertidas aventuras son las que se viven con alguien con quien nunca querrías contarle a nadie de su existencia ni de lo que has vivido a su lado.
Adivina quién sobrepasa las doce de la noche recordando todo lo que nunca podrá tener en brazos.
Adivina quién se duerme en las madrugadas abrazando una fotografía de alguien que echa muchísimo de menos.
Soy el chico que se corta al pasar de página, el que no logra concentrarse ante una sonrisa, el que recoge los retazos del que fue, el que enumera del uno al diez su dolor y luego lo convierte en verso.
Adivina quien lo ha visto caer, resurgir desde los cimientos y agarrarse muy fuerte de las tablas ante un naufragio.
Me he visto a mí mismo en una escala de grises y si no, es el mismísimo sol quien me quema por otros, aunque dudo mucho que lo haga igual.
Adivina quien ha muerto durante la noche y ha resucitado con el primer rayo del amanecer.
Ese fui, soy y seré yo.
Adivina quien se ha roto esta noche, bueno, ya no es necesario adivinar, si cuando me levanto de la cama se mueven todos los cristales que me han hecho grietas en mi cuerpo, me han atravesado los ojos y mi mente está rota.
Soy el chico de las esperanzas en el suelo, el de las mariposas muertas, el que se clava varios clavos cuando escribe, el que baila sobre el suelo de piedras, el que se lanza desde la montaña más alta para demostrarse a sí mismo que las mejores cosas de la vida son las que te matan, o te terminan haciendo mucho daño. Porque eso es mejor que nada. Que las mejores y más divertidas aventuras son las que se viven con alguien con quien nunca querrías contarle a nadie de su existencia ni de lo que has vivido a su lado.
Adivina quién sobrepasa las doce de la noche recordando todo lo que nunca podrá tener en brazos.
Adivina quién se duerme en las madrugadas abrazando una fotografía de alguien que echa muchísimo de menos.
Soy el chico que se corta al pasar de página, el que no logra concentrarse ante una sonrisa, el que recoge los retazos del que fue, el que enumera del uno al diez su dolor y luego lo convierte en verso.
Adivina quien lo ha visto caer, resurgir desde los cimientos y agarrarse muy fuerte de las tablas ante un naufragio.
Me he visto a mí mismo en una escala de grises y si no, es el mismísimo sol quien me quema por otros, aunque dudo mucho que lo haga igual.
Adivina quien ha muerto durante la noche y ha resucitado con el primer rayo del amanecer.
Ese fui, soy y seré yo.
De todas las formas de querer, su favorita siempre fue hacerme pedazos.
Y si, vuelvo a ver nuestras fotos y doy gracias a todo lo que le pueda dar las gracias porque sigas a mi lado, porque quiero pasar el resto de mis días contigo, porque los momentos contigo no los comparto, porque me estoy dando cuenta de lo que vales, no tienes precio, y aunque lo tuvieras, no te vendería por nada del mundo.
Yo corto sin querer. Las cosas rotas hacen eso.
- Entonces me dí cuenta de que le quería.
+ ¿A pesar de todo?
- Cuando se quiere, siempre es a pesar de todo.
+ ¿A pesar de todo?
- Cuando se quiere, siempre es a pesar de todo.
Tener las maletas listas para irse cuando sientes que una mano te dice 'quédate', pero no, es el viento quien te empuja.
La niña sale de casa, se moja con la lluvia, baila, se ríe, y mira al cielo como tratando de contemplarlo porque siente que él también está triste. Y hace mucho que se siente muerto, igual que ella.
Luego mira sus cicatrices, las raíces cortadas a fuerza, su corazón empapado de agua de mar.
Se mira las muñecas, y una fría lágrima le recorre el rostro y cae encima de esa piel que tantas veces ha sido testigo de dolor, tristeza y desesperación, pero también de manos que le quitaron todas las corazas con una caricia.
La niña no está triste, es una niña triste. Busca a su madre que hace tiempo que se fue, y no encuentra ninguna salida que la abrace como ese último abrazo que todavía lleva en brazos. Aún siente escuchar una voz que le dice 'No te des por vencida'.
Pero ella está partida en dos: una mitad la lleva ella en hombros y la otra la llevan otros en el alma.
Las nubes están grises, se escucha un gran diluvio afuera y ella quiere que la tormenta le cale los huesos, que le reforme la vida, que le cambie de estadía y que todo su mundo no se resuma en un punto constante de vacíos, y más vacíos, y más huecos que otros dejaron cuando salieron de su vida de golpe, de portazo, pero los que más siente son esos que se fueron sin hacer ruido.
Mírala, era una chica feliz, que compartía sus rosas y sus violetas.
Ahora busca un abrazo en el que quedarse a vivir por el resto de sus días y no salir. Quedarse. Hacerse un hueco en los brazos ajenos y que no haya más frío, ni escarcha en los bordillos de sus ventanas. Ella lo único que quiere es sentirse protegida de todas sus inseguridades.
Luego mira sus cicatrices, las raíces cortadas a fuerza, su corazón empapado de agua de mar.
Se mira las muñecas, y una fría lágrima le recorre el rostro y cae encima de esa piel que tantas veces ha sido testigo de dolor, tristeza y desesperación, pero también de manos que le quitaron todas las corazas con una caricia.
La niña no está triste, es una niña triste. Busca a su madre que hace tiempo que se fue, y no encuentra ninguna salida que la abrace como ese último abrazo que todavía lleva en brazos. Aún siente escuchar una voz que le dice 'No te des por vencida'.
Pero ella está partida en dos: una mitad la lleva ella en hombros y la otra la llevan otros en el alma.
Las nubes están grises, se escucha un gran diluvio afuera y ella quiere que la tormenta le cale los huesos, que le reforme la vida, que le cambie de estadía y que todo su mundo no se resuma en un punto constante de vacíos, y más vacíos, y más huecos que otros dejaron cuando salieron de su vida de golpe, de portazo, pero los que más siente son esos que se fueron sin hacer ruido.
Mírala, era una chica feliz, que compartía sus rosas y sus violetas.
Ahora busca un abrazo en el que quedarse a vivir por el resto de sus días y no salir. Quedarse. Hacerse un hueco en los brazos ajenos y que no haya más frío, ni escarcha en los bordillos de sus ventanas. Ella lo único que quiere es sentirse protegida de todas sus inseguridades.
A estas alturas me da más miedo saber que una sonrisa que ya no ves puede ser el detonador de la tristeza más profunda de tu vida.
+ Pero el problema es que no sabes lo que quieres.
- Te aseguro que lo sé muy bien. Mira: quiero una casa a pie de playa, con la terraza más grande y la mejor cama, quiero irme de viaje sin fecha de regreso, quiero irme de fiesta saliendo de casa sin hora, quiero vivir en el país de las maravillas, quiero tener a mis amigas siempre, quiero que nadie me haga llorar, quiero enamorarme, quiero tener una sonrisa perfecta, quiero salir y comerme el mundo, quiero comprarme los tacones más altos, quiero hablar por teléfono horas y horas sin que llegue esa maldita factura, quiero ser mejor persona y quiero ser yo siempre ¿Ves? Sé lo que quiero.
+ ¿A qué viene todo esto?
- Me has preguntado que quiero y yo te he respondido. ¡Ah, perdona! Se me olvidaba lo más importante: Quiero ser todo para ti.
- Te aseguro que lo sé muy bien. Mira: quiero una casa a pie de playa, con la terraza más grande y la mejor cama, quiero irme de viaje sin fecha de regreso, quiero irme de fiesta saliendo de casa sin hora, quiero vivir en el país de las maravillas, quiero tener a mis amigas siempre, quiero que nadie me haga llorar, quiero enamorarme, quiero tener una sonrisa perfecta, quiero salir y comerme el mundo, quiero comprarme los tacones más altos, quiero hablar por teléfono horas y horas sin que llegue esa maldita factura, quiero ser mejor persona y quiero ser yo siempre ¿Ves? Sé lo que quiero.
+ ¿A qué viene todo esto?
- Me has preguntado que quiero y yo te he respondido. ¡Ah, perdona! Se me olvidaba lo más importante: Quiero ser todo para ti.
Yo creo que sí puedes perder lo imperdible, romper lo irrompible y olvidar lo inolvidable.
Tal vez fue la manera más fácil, la más absurda, la más loca, la más enrevesada, pero la más bonita de enamorarme. Tal vez fueron tus te quiero los que me convencieron, o tus caricias las que me emocionaron. Fue tu manera de mirarme, de hablarme, de quererme o tus manías vacilantes. Pudo ser porque eres tú, que te tengo una cierta debilidad, pudo ser tu sonrisa o tu mirada, pudo ser tu manera de tratarme, no lo sé, pudieron ser tantas cosas las que me hicieron enloquecer.
Yo quise desde un principio empezar por el final y así terminar en desconocidos, sin recuerdos, sin nada. Pero sonriendo.
Basta ya de pronunciar tu nombre a otros como si tú fueses la octava maravilla.
Basta ya de llorarte cuando tú ni siquiera contestas mis llamadas, que ya lo he dejado todo atrás, que ya me he rendido hace tiempo, que ya he quemado nuestras fotografías, pero, joder, a veces no puedo sacarte de mi cabeza.
Pero basta ya de echarte de menos de necesitarte en cada rincón al que voy, en cada persona en la que te encuentro, a veces recuerdo que tú no dabas nada, cuando yo te regale hasta esas partes a las que me aferré, como si yo fuese un náufrago y tú la tabla a la que me agarré, y luego te llamé mi salvavidas.
Y tú seguías sin darte cuenta que yo por ti mataba a todos los dragones que te tuvieran en encarcelada.
Basta ya de odiarte en cada canción porque las cosas no fueron como yo quería, salieron doliendo las hijas de puta, y eso era lo último que quería, que te convirtieras en esa canción, que uno escucha muchas veces y al final termina odiando.
Basta de hacerte un hueco en cada plan de trazo, ya no quiero que seas mi plan A, ni mi lado izquierdo de la cama, ni la primera opción en la que piense cuando quiera huir lejos de mí. Y me dé el peor de los portazos al encontrarte con los brazos cruzados, y no quieras abrírmelos nunca más.
Basta de ti, basta de querer escuchar tu voz, entonando tu canción favorita mientras me dices que soy tu verso favorito.
Basta, vete, toma estas partes, son tuyas, te pertenecen, pero no te quedes en mí.
Vuela, Amélie, vuela alto y lejos. Ya otros horizontes te esperan, ya otros lugares te hacen un hueco, ya otras canciones hablan de ti, ya otras manos quieren tocarte, ya otras flores sueñan con que las cortes y te las pongas en el pelo, ya otros amaneceres sueñan con despertarte. Espero que tengas un buen viaje y una buena y extraordinaria vida, que yo seguiré aquí, justo donde dejé de ser yo, y me convertí un poquito tuyo.
Basta ya de llorarte cuando tú ni siquiera contestas mis llamadas, que ya lo he dejado todo atrás, que ya me he rendido hace tiempo, que ya he quemado nuestras fotografías, pero, joder, a veces no puedo sacarte de mi cabeza.
Pero basta ya de echarte de menos de necesitarte en cada rincón al que voy, en cada persona en la que te encuentro, a veces recuerdo que tú no dabas nada, cuando yo te regale hasta esas partes a las que me aferré, como si yo fuese un náufrago y tú la tabla a la que me agarré, y luego te llamé mi salvavidas.
Y tú seguías sin darte cuenta que yo por ti mataba a todos los dragones que te tuvieran en encarcelada.
Basta ya de odiarte en cada canción porque las cosas no fueron como yo quería, salieron doliendo las hijas de puta, y eso era lo último que quería, que te convirtieras en esa canción, que uno escucha muchas veces y al final termina odiando.
Basta de hacerte un hueco en cada plan de trazo, ya no quiero que seas mi plan A, ni mi lado izquierdo de la cama, ni la primera opción en la que piense cuando quiera huir lejos de mí. Y me dé el peor de los portazos al encontrarte con los brazos cruzados, y no quieras abrírmelos nunca más.
Basta de ti, basta de querer escuchar tu voz, entonando tu canción favorita mientras me dices que soy tu verso favorito.
Basta, vete, toma estas partes, son tuyas, te pertenecen, pero no te quedes en mí.
Vuela, Amélie, vuela alto y lejos. Ya otros horizontes te esperan, ya otros lugares te hacen un hueco, ya otras canciones hablan de ti, ya otras manos quieren tocarte, ya otras flores sueñan con que las cortes y te las pongas en el pelo, ya otros amaneceres sueñan con despertarte. Espero que tengas un buen viaje y una buena y extraordinaria vida, que yo seguiré aquí, justo donde dejé de ser yo, y me convertí un poquito tuyo.
domingo, 23 de agosto de 2015
Joder, me miraba como nunca me habían visto en mi vida.
No soy una princesa y no quiero serlo. No espero que todo me salga bien, no creo en los príncipes azules que son capaces de cambiarte la vida en un abrir y cerrar de ojos. Solo conozco sapos y ranas que siempre terminan haciéndome daño. No creo en palacios de cristal ni en besos de ensueño. No creo en nada porque todo es irreal. Ahí fuera las cosas no son como parecen. Hay personas increíbles y otras que es mejor tener lejos. Hay momentos inolvidables y otros que desearías borrar de tu mente. No existe un equilibrio entre el bien y el mal. Los malos siempre ganan y los buenos pierden, pero eso es tu mente y en la mía es todo lo contrario los malos pierden y los buenos ganan.
Tan siquiera una vez en la vida quiero sentir eso de cuando alguien llega inesperadamente y te pone tu mundo boca arriba.
¿Has amado alguna vez a alguien hasta llegar a sentir que ya no existes? ¿Hasta el punto en el que ya no te importa lo que pase? ¿Hasta el punto en el que él ya es suficiente, cuando te mira y tu corazón se detiene por un instante? Yo sí...
Es que nadie te enseña a ser fuerte, te haces fuerte a base de golpes.
Que todos los segundos contigo son perfectos, que cada minuto es para ti, que cuando sonrío y parezco una tonta es porque pienso en ti. Solo necesito que estés aquí, a mi lado, pero no ahora sino para siempre.
La estrecha brecha entre lo que piensas que te haría feliz y lo que sientes que te haría feliz.
Y me da igual el como llegó a mi vida, ni siquiera me importó, me olvidé de mirar atrás, de hacerme preguntas de como pudimos llegar tan alto. Solo se que me siento segura volando contigo, que cuando te ríes conmigo es más fácil quererte. Al fin y al cabo si todo fuera casualidad, dolería demasiado...Aunque no tanto como cuando me quedo inmóvil, observando cómo se te eriza el vello al repasar tu nuca con las yemas de mis dedos. Y sé que cortarías el tiempo al despertar, te girarías para besarme tantas veces como nuestro cuerpo aguantara y entonces a mi, a mi... se me olvidaría respirar...
Tal vez no me quiere cerca, porque fue más de distancia. De amar a distancia.
+ ¿Que debería saber?
- El otro dia me tocó elegir.
+ ¿Y que elegiste?
- Quedarme contigo.
+ ¿Por qué?
- Porque se que siempre te tendré a ti, que me ayudarás a levantar cada vez que caiga, me abrazarás en el peor de los casos, me querrás como a nadie, limpiarás cada una de mis lágrimas, me sonreirás sin ninguna razón...
+ ¿Y si alguna vez dejo de hacerlo?
- Espero que mientras lo hayas hecho hayas sido feliz, yo si que lo fui.
Esperamos a quien posiblemente se desespere demasiado rápido de nosotros.
+ Piensa que es la única vida que podemos compartir y que es ahora o nunca.
- ¿Tiene que ser ahora?
+ Si, no habrá otra oportunidad como esta.
- Pues adelante, vamos a comernos el mundo.
+ ¿Juntos?
- ¿Lo dudabas?
+ Nunca.
- Te quiero.
+ ¿Cuánto?
- Hasta el fin de mis días.
+ Yo te quiero más.
- ¿Cuanto me quieres tu?
+ Yo te quiero hasta que las estrellas del cielo dejen de brillar.
- Besame.
+ No puedo.
- ¿Por qué?
+ Porque no quiero acostumbrarme a ti.
- Tranquila, no me voy a ir.
+ No es por eso.
- ¿Entonces?
+ No quiero depender de ti.
- Pues yo de ti ya dependo.
+ Pues besame tu.
- Prométeme que no te vas a apartar...
+ Nunca haría eso, sería mentirme a mi misma.
Hay momentos en los que la vida te pone justo en el medio de un francotirador. Y te pone a elegir entre correr o quedarte, independientemente de tu decisión, te alcanzará más de alguna bala.
Aquí dentro sigue siendo invierno, por eso no abro puertas ni ventanas, por eso no quiero que entres, no quiero que te congeles. No quiero hacerte sentir frío en ninguna de sus formas.
A veces recuerdo lo puta que ha sido la vida y luego te veo a ti, tranquila, sentada en medio de un vendaval.
Y solo veo paisaje, aunque sea una destrucción continua de mi eterna caída, sé que el último golpe sonará tan fuerte que los globos explotarán y las cicatrices se abrirán de golpe. Un cielo lleno de estrellas, un desastre hecho paisaje.
Y me veo a mí, en todas las excepciones que he sido, veo que fui un tremendo gilipollas, en esto del amor, pero dime quién no se entrega en las manos correctas cuando las has buscado mientras te sostenías de las ramas para no caer. Y fueron ellas las únicas, las primeras en agarrarte.
Dime quién no es capaz de soportar el fuego cuando ha sentido el infierno en su piel.
A mí una caricia me hizo volver a sentir, a mí una caricia me hizo volver a latir.
A veces recuerdo lo puta que ha sido la vida y luego te veo a ti, tranquila, sentada en medio de un vendaval.
Y solo veo paisaje, aunque sea una destrucción continua de mi eterna caída, sé que el último golpe sonará tan fuerte que los globos explotarán y las cicatrices se abrirán de golpe. Un cielo lleno de estrellas, un desastre hecho paisaje.
Y me veo a mí, en todas las excepciones que he sido, veo que fui un tremendo gilipollas, en esto del amor, pero dime quién no se entrega en las manos correctas cuando las has buscado mientras te sostenías de las ramas para no caer. Y fueron ellas las únicas, las primeras en agarrarte.
Dime quién no es capaz de soportar el fuego cuando ha sentido el infierno en su piel.
A mí una caricia me hizo volver a sentir, a mí una caricia me hizo volver a latir.
Mi libro favorito siempre fue leerte las cicatrices.
- Te quiero.
+ ¿Cómo estás tan segura de eso?
- Estoy segura de que te quiero porque cada vez que te veo siento cómo mi corazón late tan fuertemente que es capaz de salirse, me tiembla todo el cuerpo, me sudan muchísimo las manos, me río por nada y por todo. Cada vez que te tengo frente a mi haces que no me importe nada, haces que desaparezca del mundo y sólo quedemos nosotros dos pero cuando no estás conmigo haces que te eche de menos a cada segundo que pasa, haces que mire tu foto una y otra vez...
Es bueno saber que hay sitios que, pase quien pase por ellos, siempre te recuerdan.
Aprendí que los amores eternos se pueden acabar en una noche, que grandes amigos pueden volverse completamente en desconocidos, que nunca conocemos a una persona de verdad, que todavía no han inventado nada mejor que el abrazo de un familiar, que el "nunca más" nunca se cumple y que el "para siempre" siempre termina.
El amor es saltar al vacío y esperar que en la caída te crezcan alas.
Al final descubrí que la respuesta fue siempre la misma, que la respuesta siempre estuvo ahí y que la conclusión a tanto cuestionario era una frase, tan simple como definitiva: "el que no arriesga, no gana".
Las personas en realidad son árboles, echan sus raíces en ti y tienen que arrancarlas a fuerza cuando quieren marcharse. Por eso el desgarre.
El olor a nicotina le queda bien a los días grises, por ejemplo, yo cuando estoy triste me pongo a ver por la ventana y veo que los pájaros al ver que pronto se aproxima una tormenta, vuelan a sus nidos. Y yo quise agitar mis alas y volar a cualquier sitio del mundo en el que te encontrases, así me recorriese los peores rincones -donde solamente queda mucha, pero mucha tristeza-. Yo sólo quiero aferrarme a ti, pero no quiero hacerlo solo, porque aferrarse implica atarse para siempre a alguien, pero si uno de los dos no está de acuerdo en hacerlo: uno termina perdiendo antes de que empiece la maratón. Pero, vamos, no podemos forzar a que el otro quiera hacer lo que uno está dispuesto.
Porque somos humanos, porque tenemos miedo, mucho miedo debajo de esa sonrisa con la que nos maquillamos cada mañana. Y yo sueño con tu voz en cada amanecer, que tararees una canción que odias y que termines odiándome porque sientes que ya no puedes conmigo. Que me botes de tu vida, que desates en mí el peor de los huracanes y que me digas:
"Pero, cariño: no te olvides de la que fui contigo cuando odiaba ser demasiado cursi en esto del amor".
Puede que sea un poco rara. Un día me verás llorando por los suelos, y al siguiente dando saltos de alegría en lo más alto. Por las mañanas puedo ser la más odiosa que conozcas y por las tardes la más encantadora. Mis sonrisas te pueden embobar, pero tengo miradas que espantan. Habrá días que estaré 24 h contigo, abrazándote, agobiante, haciéndote reir. Otros, sin embargo, notarás que no estoy aquí, que nada me incumbe y nadie tiene que ver conmigo, esos días te aconsejo que no te esfuerces ni en tocarme. Con el tiempo verás que soy de extremos, que conmigo es blanco o negro, que el gris para mí no existe, o te quiero o te odio, o algo me gusta o no puedo ni verlo, o me da igual todo o todo me influye. También te darás cuenta de que me doy entera a todo, que las cosas, cuando decido hacerlas, las hago dando todo de mi, dejando en ellas sudor y lágrimas. Que cuando lloro, lloro hasta soltar la última lágrima, que cuando río, se me sale toda la fuerza en cada carcajada, que cuando me enfado, lo hago con toda mi energía, que cuando grito, me dejo la garganta y que cuando beso, lo hago como si fuera la última vez. Después de darte cuenta de todo eso, sabrás si eres un poco inteligente, que cualquier día, o a cualquier hora, me puedo ir de tu vida tal y como llegué, sin esperarlo, con fuerza y de repente. Para ese día ya habrás descubierto que es inevitable cogerme cariño. Pero no te preocupes, cuando me vaya ya me conocerás lo suficiente y sabrás que hacer para que vuelva, sino lo sabes todavía.
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